Pueden borrar todo de mi, pero mis huellas nunca desaparecerán.
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martes, 2 de agosto de 2011
En todo su derecho.
Un día cualquiera despertó con un objetivo claro, parecía enceguecido por las ansias de ver resultados, pero a la vez aterrado hasta lo más profundo del alma. Claramente tenía muchas opciones pero ninguna parecía ser correcta, simplemente parecía estar en un camino sin salida, la decisión que había tomado significaría su deserción instantánea de la sociedad. Se veía afectado por el tema, sin embargo trato de ocultarlo y realizó su vida lo más normalmente posible, la gente que sabía su problema lo criticaba constantemente por hacer como que nada pasaba, a lo que el respondía: "frente a estos días no puedo hacer nada, sólo queda esperar, y la vida no esta hecha para sentarse a esperar que el tiempo pase, hasta que sea el momento indicado aprovecharé los días como si no pasara nada, quién sabe si hoy puede ser mi último día en vida, no quiero que pase en vano". Nadie parecía entenderlo, a él no le importaba ser comprendido, pero tampoco quería sentirse solo, no faltaban los que lo apoyaban y lo ayudaban a distraerse, así pasaron los días y llegó el momento decisivo, afrontó el problema, siguió su decisión y todo salió tal cual él lo había querido, instantáneamente los amigos que nunca lo entendieron ni tampoco hicieron el intento lo discriminaron y lo apuntaron con el dedo, quedó aislado, pero él nunca olvidó que no estaba solo, habían algunos que lo apoyaron, ahí aprendió a valorar la verdadera amistad, la que es tolerante frente a cualquier adversidad, aquel día, mencionó una frase que dejó atónitos a sus acompañantes... "Nunca nadie pasará sobre mi derecho a decidir. Ni menos podrá condenarme por el camino que elijo".
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