Quédate de pie frente a un acantilado, observa el abismo bajo que hay ante tus ojos, ¿Qué impide que te lances si no son tus ganas de seguir viviendo? Aún así te quedas parado, observando y sintiendo el poder de decisión que esta en tus manos en esos segundos. El límite de la vida y la muerte, solo para los más osados. Camina por una calle oscura, haz que cada pedazo de asfalto que pises te haga invisible, dirígete hasta el fin del mundo, encuentra esa inspiración que buscabas hace días, meses, quizás años, procura encontrarla y desencadena en ella una pasión única, que te haga sentir ganas de perder todo tipo de cordura... pero despacio, no lo harás, evitarás a toda costa caer dentro de las garras de tal objeto de inspiración, tu miedo de hacerte dependiente, de entregarte y dejar de ser sólo tú te pondrán un límite. El miedo es humano, pero la vida no lo es, la vida va más allá de lo racional y de la lógica, va de la mano con la locura de darlo todo mientras lo sientas, de no dejar escapar ninguna oportunidad de ser feliz. Te darás cuenta de esto y golpearás su puerta, ella te espera ahí para deleitarte con su poder de seducción, tus manos tiemblan y tu mente dice que si no sales ahora de ese lugar no podrás hacerlo nunca más, la razón te pide que te alejes, que te mantengas cuerdo... pero tú, tú solo quieres perder la cabeza. En esos momentos entras, la vez y te das cuenta que la locura y la pasión te llevaron a un lugar lejos de todo lo humano, te llevaron a sentir por primera vez más allá de la piel. Eres un loco, pero un loco que sabe vivir.
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