Las promesas nunca existieron, eran solo palabras, pero aun así se siguen repitiendo dentro de mi cabeza y ya es parte de una rutina escuchar esas voces proyectando el futuro inexistente, inexistente para ambos. Pero como a todas las palabras, un día se las llevara el tiempo y filtrara mi mente de tales pensamientos absurdos y sin sentido, sin embargo, no niego el gran peso que ha tenido todo esto en mi día a día. No me causa gracia alguna ver como el mundo que me rodea se proyecta a un gran futuro en palabras, y decae el mismo tiempo si de hechos hablamos, decae en la miseria que nosotros mismos hemos creado. Nunca pedí palabras, estas abundan en la gente vacía, yo pedí hechos.
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